¿QUIÉNES COMPONEN EL PROGRAMA Y CUÁLES SON SUS FUNCIONES?

Como su nombre lo indica este servicio es brindado por familias representadas por los matrimonios denominados “Matrimonios Orientadores” (MO), los cuales se encuentran  organizados en equipos, en el marco de la institución que los avala, en nuestro caso, la Iglesia Católica.

 

El servicio se brinda a través de entrevistas, en las cuales un equipo de dos matrimonios se pone en disposición de escucha de la familia que concurre.

 

En la experiencia que aquí presentamos, en un gesto característico del amor y del compromiso cristianos, son las propias familias (en este caso los Matrimonios Orientadores) las que asumen la responsabilidad de ir en busca de sus pares en dificultad, es decir, son los primeros en amar.

 

El encuentro se desarrolla en una ESCUCHA atenta, abierta y desinteresada; más desde el corazón que desde el intelecto, en un clima de absoluta privacidad y confidencialidad, lo que promueve el diálogo y genera vínculos.

 

Los MO realizan el ejercicio permanente de vaciamiento de sí mismos y de sus propias preocupaciones familiares para ponerse en el lugar del otro, viendo a Jesús en todo aquel que llega en busca de ayuda. Esto genera un clima de confianza que permite a la familia atendida abrir también su corazón y compartir sus vivencias más íntimas. Una verdadera comunión de almas, una comunión de bienes espiritual, donde ya no se distingue quién da y quién recibe. Sólo queda el amor recíproco generado.

 

En este contexto, se trata de ayudar a la familia que se acerca a fin de que active sus propios recursos, los cuales se encuentran ocultos, ya que la problemática que atraviesa no permite que los vean por sí mismos. En consecuencia se hace más fácil descubrir entre todos cuál es la ORIENTACIÓN adecuada frente al problema planteado.

 

Las familias orientadoras son, de esta manera, actoras de evangelización, en el claro sentido de llevar las actitudes cristianas del buen samaritano: la gratuidad, la entrega incondicional y la misericordia para ayudar a otras a transitar las dificultades   revalorando sus recursos y capacidades.

 

Asimismo, esta acción evangelizadora que pone el acento en la riqueza de la familia unida en el amor  y en los desafíos de su evolución como tal,  contribuyendo a su sostenimiento y valorización, se transforma en un testimonio para toda la sociedad.

 

En todo su accionar las CFF  crean  redes de mutualidad con los sujetos que se relacionan con la familia atendida y con las instituciones de familia tanto  de la Iglesia como de la sociedad civil.

 

Las CFF tienen una tercera función de gran importancia: la del ACOMPAÑAMIENTO. Es sabido, y lo hemos comprobado en estos años, que las problemáticas familiares en general, se originan o derivan en más de una causa, así como también son múltiples las consecuencias. Por lo tanto, es fundamental que se continúe acompañando a la familia atendida, aún si de su paso por la CFF surge la necesidad de que alguno de sus integrantes inicie una terapia u otro tipo de atención profesional, porque es precisamente en esos momentos cuando más necesita del apoyo y acompañamiento de sus pares. En muchos casos el acompañamiento se prolonga por meses con entrevistas, habitualmente semanales, u otros modos de seguimiento, lo que crea fuertes  vínculos de pertenencia.

 

Hemos expresado hasta ahora las características básicas de este programa y el modo en que se relacionan los protagonistas principales: los Matrimonios Orientadores y las personas Consultantes.

 

Sin embargo, ni unos ni otros están solos. Existe un equipo de profesionales que cumple una función primordial, la de formar a los MO, ayudarlos a comprender las problemáticas que traen las familias consultantes y contenerlos en la tarea. Este equipo es el responsable de la capacitación y formación continua de los MO.

 

Entrar en lo profundo del espíritu que anima a las CFF, es, lo hemos comprobado, entrar en un mundo fascinante. Es el mundo del Amor. Un mundo de donación recíproca.

 

Donan su tiempo y sus capacidades adquiridas, los MO. Pero, más aún, al entrar en el mundo de la familia que llega, donan lo más preciado: su vida de familia. Hacen un vacío para que pueda entrar el otro, el diferente, el que hasta ese momento no formaba parte de esa vida.

 

Donan, también, las familias que consultan, lo más íntimo de sus vidas: sus dolores, sus llagas. Y lo pueden hacer porque encuentran ese espacio vacío para entrar.

 

Cuando se genera ese clima de amor recíproco las personas que acuden son capaces de expresar frases que nos recuerdan el evangelio: …no tenía con quien hablar y me escuchaste…estaba solo y me acompañaste…había perdido el rumbo de mi vida y me ayudaste a orientarme.

 

Esa misteriosa relación que se crea, la describía así un MO: “…es como encontrarse de pronto con una madeja, toda enredada, informe y llena de nudos; a primera vista imposible de desenredar. Y sumergirse junto a ellos para encontrar la punta del hilo y después comenzar a desatar, uno a uno, cada nudo, cada dificultad…”

 

Donan, por fin, los profesionales lo más propio de su “ser profesional”: la relación directa con quien viene a consultar. Lo pierden y asumen un nuevo rol: estar al servicio de los MO, casi como estar “detrás del telón”; pero, tanto o más importante que el propio rol; y vital para sostener en el tiempo el programa de CFF.

 

Este proyecto atrajo a una terapeuta con muchos años de experiencia y de renombre en San Martín. Ella y un sociólogo, estuvieron desde los primeros pasos y fueron un aporte invalorable.

 

Ella, en su juventud, estuvo muy comprometida trabajando con los más pobres junto con su marido (ya fallecido). Pero en aquella experiencia, perdió la confianza en la “institución” iglesia y nunca había podido recomenzar. Su participación fue siempre totalmente “ad honorem” y cada vez con mayor entusiasmo. Al cabo de un tiempo, nos manifestaba con alegría, haber “descubierto” en éste servicio su respuesta a Dios.

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June 27, 2019

August 25, 2016

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