¿CÓMO SE ORIGINA LA EXPERIENCIA?

En el año 1997, Mons. Villalba, Obispo de la Diócesis de San Martín, ubicada en los alrededores del Gran Buenos Aires, con una población de más de 700.000 habitantes, decidió dar un impulso a la Pastoral Familiar convocando a matrimonios de distintos movimientos eclesiales.

 

Luego de un breve periodo, se logró constituir un equipo integrado por cuatro matrimonios de otros tantos movimientos de la Iglesia (Schonstatt; Movimiento Familiar Cristiano; Encuentro Matrimonial y Focolares).

 

Ésta fue una etapa de profunda comunión, donde comprendimos que el Espíritu realmente nos iluminaba, pues cada uno enriquecía con su carisma el carisma del otro. Y damos fe de que fue una experiencia fascinante y con muchos frutos.

 

Entre las tareas que desarrollamos en ese periodo, se incluyó un análisis del marco de la realidad y del marco doctrinal que nos llevó a algunas conclusiones:

 

- Las familias que atravesaban situaciones de crisis,  experimentaban un sentimiento de soledad.

 

- La sociedad postmoderna, marcando nuevos modos de vivir y relacionarse, contribuyó en parte a que se perdiera la costumbre de las familias de compartir sus preocupaciones y aconsejarse mutuamente,  tan habitual en otros tiempos.

 

- Contando con la riqueza del patrimonio de la Iglesia y de las Ciencias Sociales, nos centramos en que la familia es sujeto social. Y que ella tiene sus propios recursos en cualquier situación que se encuentre, por gracia de Dios y por la riqueza de sus componentes.

 

Este método de comunión, vivenciado entre nosotros, familias de los movimientos allí reunidos, nos daba la luz y la novedad para esta metodología a desarrollar.

 

Quedó en claro desde el comienzo que debía ser una acción pastoral de toda la diócesis en su conjunto.

 

Debían ser las familias, representadas por el matrimonio, las que asumieran el rol protagónico, sin desconocer el aporte de los profesionales. No se trataba de reemplazar lo que desde cada una profesión se hacía, ni competir. Era una mirada diferente que nos llamaba a ir en busca de nuestros pares (otras familias) para hacernos uno con sus dolores, más aún, “cargar” con ellos para aliviarlos. Teníamos presente aquella oración de Chiara Lubich: “Iré por el mundo…”

Para vivir esa oración debíamos ver a Jesús Abandonado en el otro y deseábamos que el que llegara pudiera ver a Jesús en nosotros.

 

Recordamos un día particularmente luminoso, reunidos en un santuario de Schonstatt, donde, al abrigo de la Mater alternábamos oración y trabajo. Al final del día, quedaron definidas las normativas que regirían las flamantes Consultorías de Familias para Familias (CFF) y que aún hoy se mantienen, como un decálogo, prácticamente inalterables.

Creemos útil citar algunas de ellas para que se comprenda mejor el proyecto.

 

  • Las CFF son un programa que funciona en las parroquias y/o en otras instituciones con similar reconocimiento social.

  • Deben contar con el aval del párroco o la autoridad de la institución y estar integradas a su  acción de conjunto.

  • El servicio es gratuito y tanto matrimonios como profesionales ofrecen su tiempo para el bien común.

  • Se recibe a cualquier persona que lo solicite sin ningún tipo de discriminación social, económica ni tampoco religiosa.

  • Al escuchar los distintos problemas que presentan quienes se acercan a las CFF no se busca tanto ver cómo dicha problemática afecta sus vidas personales, sino los efectos que dicha situación  provoca en la familia a las que pertenecen.

 

Son dos matrimonios los que participan de las entrevistas con las familias o las personas que concurren, a fin de disminuir el riesgo de que la problemática planteada pueda afectar la vida familiar de alguno de los MO, y, sobre todo, considerando a cada matrimonio como UNO, “una sola carne”, confian en la presencia de Jesús entre ellos: “Porque donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, yo estoy en medio de ellos” (Mt.18.20.), para que sea El quien lleve adelante el servicio.

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June 27, 2019

August 25, 2016

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